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Cuando llega la pubertad, el niño empieza a hacerse hombre, y lo primero echa cuerpo y luego se le amuebla la cabeza. Andrés y Jaime estaban con 16 y 17 años eran hombres para trabajar y mi madre, atenta a todo lo que en el pueblo se hablaba, les invitó a que pidieran trabajo a Romero que en aquel tiempo ponía en producción los bancales aledaños a sus limoneros en los Paganes. Claro, que mi madre siempre añadía la coletilla "...y decirle que sois tres, que tiene que buscaros trabajo a los tres". A mí me pareció muy pronto, trabajar con 14 años, pero por irme con mis hermanos, yo haría lo que hiciera falta, desde que empecé a andar, siempre intentaban irse sin mi, y lo entiendo, más lento, que quedaba entretenido con cualquier cosa y al final siempre estaban esperandome.
El trabajo era muy simple, el tenía unos melocotoneros y a sus pies, matas de pepinos. Nuestra labor era recoger los pepinos, pero no había muchos, así que nos dedicamos a plantar cebollas, Andrés metía las cajas de cebollas al bancal (cosa que en mi mente parecía extraña, meter las cebollas, cuando las cebollas vienen del bancal), yo las plantaba, y Jaime las cubría con tierra haciendo los caballones con la azada. Pero como el bancal no era muy grande, pronto se acabó el trabajo. y nos pasamos ociosos la segunda mitad de junio y la primera de Julio. El 13 de Julio cumplí los 15 y mi madre nos dijo que Justo buscaba gente para coger la almendra, Justo cogía la suya junto con la de otra gente, desde pequeñas propiedades hasta grandes extensiones como la finca Corverica del "Hueso" de Fuente Alamo. Pedro "El Costas" y Ramón Cuestas trabajaban con el junto a Cecílio el del los morenos, Agustín "El Cura", Jose "El Joven" y Juan Miguel, Luís "El Lanero" y los dos Antonios (Padre e hijo de etnia gitana, a los que a veces se unía la mujer). Curioso era que cuando nos tirabamos un cuesco, no lo tomaban bien, y te miraban con cara de "como te tires otro te cortlo algo". Yo en particular me decidí a pedirle trabajo a Justo por que me aburría bastante esperando a que toda la cuadrilla volviera de trabajar. Una tarde, después de ducharse, el Costas me llevó a Los Paganes. Pedro se dirigió a la ruidosa máquina que descascaraba la almendra y que Jose "el joven", escaso de tiempo para descansar, alimentaba con la almendra cogida ese mismo día. Pronto se acercó a Justo y nos dijo que pa pasaramos a la casa: Pedro: Aquí te traigo a este, que dice que busca trabajo. es el Antonio de Castellón. Justo: Pues yo trabajo tengo. Si quieres provarte, estate aquí mañana a las 8 menos cuarto. Vamos a coger unos bancales por los morenos y vemos si vales. (la verdad es que no valia mucho) Aún recuerdo lo fácil que se me hizo levantarme si lo comparo con el resto de los días. La Adelina se desesperaba después de llamarme más de cuatro veces cada día: Antonio, ya es la hora. Levantate que te tienes que ir a trabajar. Al rato, Antonio leche, levanta, que vas a llegar tarde. Yo tan solo contestaba que si, me sentaba en la cama, y cuando ella desaparecía atravesando la puerta de la habitación, me volvía a tumbar y me tapaba para seguir durmiendo. La cuarta vez que me llamaba, hacían efecto esas palabras de: Pues no vayas a trabajar, siempre serás un gandul, sigue durmiendo. Además de producirme un cabreo momentáneo, esas frases mágicas me hacían levantarme. El primer día me desperté como un tiro, y andando me fui hacia los Paganes con mi "capaza" con la comida. Yo, como era la primera vez que trabajaba en un trabajo serio, no me lo tomé muy en serio y Ramón me decía: "Antonio muevete que te van a dar la cuenta el primer día", y yo no le hice mucho caso, a los dos o tres días me espabilé, justo cuando Carmelo "El esfollenco" del Escobar vino a trabajar. Aquel día lo esperaba con ansia, Pedro "El Costas" nos tenía acostumbrados a sus imitaciones siempre seguidas de una risa con contención explosiva que acababa con 3 o cuatro elevaciones de hombros y golpes de ariete en su garganta. Yo no conocía a Carmelo personalmente, por eso no podía valorar con criterio esas frases locas a media lengua de las cuales constaban dichas imitaciones, una vez conocido el personaje, puedo dar fe de que eran fidedignas. Otro día, en la mañanade un lunes, sentados bajo un garrofero en unos bancales de la cañada del rayo del escobar, reponiamos fuerzas a la hora del almuerzo, y a lo lejos se empezó a oir un coche que se nos aproximaba, con ruido de vielas y allí que apareció Carmelo con su camisa blanca a rayas, conduciendo su seat 127 "atraviesabancales". Se bajó del coche y se acercó a donde en circulo nos alimentábamos la cuadrilla. Yo daba cuenta de la longaniza el cazador que mi madre me había metido en la capaza, mientras Carmelo habriera la boca para decir: "Justo, ¿Sabes lo que debíamos hacel hoy Lunes polamañana?" Justo, que además de justo es sabio, le contestó como debía: "Pues si Carmelo, deberíamos empezar a coger almendra de sol a sol sin parar". No, Justo no. "Hoy lunes por la mañana deberíamos coger mi 127 e innos a effollah to er dia de putah". El trozo de longaniza, se perdió por detrás del "Costas" al salir disparado de mi boca. Era verdad lo que contaban de el, si. Todos nos fundimos en una carcajada, todos menos Justo y sus hijos. Aquel verano El Carmelo soltó muchas de esas, todas claro, con el fin de arrancar una sonrisa o carcajada a quien tenía a su lado, aunque raramente lo conseguía si el que a su lado estaba, era Justo. Creo que lo hacía un poco para transgredir, por que normalmente esas preguntas se las hacía a Justo. Otro día le pregunta a Justo: "Justo, ¿Tu has esfollao anguna veh a l'estilo mecedola? Y Justo le contestó: "No y no quiero saber como, ni lo que es". Carmelo, casi sin dejar que Justo terminara la frase le dijo "Pues tu cohe a la puta y la epatarra en la mecedola, le pegah un arrempujón y le vas dando pollaso en la teta, en er sobaco, en el culo, pero cuando se la méte dise: Haaaaaayyy" La que más me gustaba, y con eso acabo, era el pequeño cuento del putitlú y la mátina. Esta historia se la oí a el "Costas": Motacho, lotlo día taba ne putitlú tugando a la matina, se maserca una puta, me coje er paquete y me ise: Que modeno, tan parmao, eh? y yo le digo: que va tonta, que no ve que ee epanuelo. |