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Todos hemos sido niños, y después de niños adolescentes y después, pues lo que somos. ¿Y quién no ha saltado un muro de una casa vacia o entrado en algún patio que no era el suyo, aunque estuvieran en casa? Trastadas y gamberradas hemos hecho todos. Y claro, los jóvenes de ahora no van a ser menos. El caso es que, a toro pasado, y cuando lo hacen otros o nos lo hacen a nosotros, no nos parece tan normal.
El último hecho de este tipo, ha ocurrido en la plaza de la Iglesia. En el edificio que servía de almacén del grano. Su dueño, medio tapió la puerta para evitar la entrada de agua de las posibles avenidas de agua, y los jóvenes, para ver lo que había dentro, tiraron los ladrillos que bloqueaban la entrada y forzaron la puerta.
Más tarde, volvió a tapiarlo, esta vez con bloques de cemento, y pasó lo mismo. Como última medida, el hombre ha puesto un candado desistiendo en proteger la entrada contra el agua. Otro vecino, en una demostración de civismo, apartó los cascotes que bloqueaban el tráfico rodado por la zona. En realidad se trata de uno de los edificios más antiguos y con más necesidad de restauración del centro urbano de Los Almagros. Otro edificio que parece ser se perderá para siempre.
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